De acampada

por Camelia

 

De los cuatro hermanos que tenia Paula, tres de ellos habían emigrado a Francia cuando ella era muy pequeña.

 

En su última visita a España de las cuatro o cinco que hacia cada año, Ernesto el menor de ellos, que vivía y trabajaba en Francia desde los 16 años insistió como en cada viaje:

 

- Si os decidís a cruzar la frontera, no dejéis de venir por casa. Estaremos encantados de acogeros y pasar tan buenos momentos como cada vez que nos reunimos aquí. Para Nadine y los chicos será estupendo porque siempre me preguntan por vosotros y seguro que no os aburriréis.

 

Nuestras familias se conocían desde que éramos niñas. Nos habia visto en casa de sus padres en cada uno de sus viajes. Cuando éramos adolescentes y subíamos en pandilla al pueblo para pasar las fiestas, los hermanos mayores, ya casados, nos controlaban como a las niñas de sus ojos.

Tenían una gran casa y en su bodega siempre se organizaban las comidas en las que nos reuníamos decenas de personas y donde la buena comida y bebida no faltaban nunca. Tras las conocidas y largas sobremesas en las que se cantaba, se bailaba y se disfrutaba contando todo tipo de anécdotas y chismes en un ambiente de armonía y buen humor.

 

Ahora la excusa de la edad ya no era inconveniente, al igual que el dinero, todas trabajábamos y con nuestro sueldo podíamos permitirnos un viajecito y lo más importante, teníamos el permiso de nuestras familias.

 

Todo eran facilidades, podíamos acampar en el enorme jardín que rodeaba la vivienda de Ernesto durante todas las vacaciones, o parar a descansar y despues seguir con la ruta que hubiésemos previsto de antemano.

Esta idea nos pareció irresistible. Si nos cansábamos siempre podíamos seguir camino y todos tan contentos.

 

Era el verano de los ochenta y por fin el sueño de salir fuera de España se haría realidad en pocos días.

Por delante teníamos más de un mes libre de vacaciones y nos íbamos al extranjero…

Tan solo una persona de los que íbamos, tenía coche hacia años y la suficiente experiencia como para embarcarnos en un trayecto tan largo. Le gustaba muchos conducir, y pronto se ofreció como primera opción de transporte.

“Vainilla” era un dos caballos del mismo color que le daba nombre y que su dueña utilizaba hasta para ir a comprar el pan a la panadería de la esquina.

 

Dos semanas antes del viaje, llevo el utilitario a la puesta a punto. El diagnostico fue desolador, el cochecito estaba tocado de muerte.

Con un enfado monumental y viéndose sin poder salir como habia planificado, Maria no hizo caso y pocas horas después de salir del garaje, “Vainilla” la dejo tirada en mitad de la carretera general.

Fue una muerte súbita; como decíamos bromeando en argot médico. Y agradecíamos que hubiese sido antes de emprender viaje.

 

El primer problema se habia presentado demasiado pronto, tanto como para replantearnos si no era la señal de que tampoco era este el verano idóneo para cruzar los Pirineos.

Estar tanto tiempo fuera suponía un gasto extra con el que contábamos pero nadie contó con la posibilidad de utilizar otro medio de transporte y menos aun ella, a la que le obsesionaba ser pionera en la pandilla, en cualquier reto que se propusiese.

 

Mirábamos otras alternativas cuando afortunadamente, apareció Gonzalo, un amigo que le vendía su SEAT 600 - en muy buen estado de chapa y motor- como dijo su dueño y que pensaba cambiarlo un poco mas adelante, pero  al enterarse de que Maria buscaba uno urgente, habia decidido adelantar sus planes y así los dos tan contentos.

Le hizo un buen precio; creo que tenia la esperanza de ganar puntos con ella, y a la vuelta proponerle alguna salida nocturna, como las que ya habían compartido en el pasado. Ya no tenían relación de pareja pero mantenían contacto, al trabajar en el mismo centro.

 

Con el nuevo coche, de tercera mano, no había problema. Maria lo conocía como si fuese suyo, lo había conducido en múltiples ocasiones. Su dueño era el hombre que la había desvirgado en todos los sentidos.

 

Nuevamente todo volvía a ponerse en marcha. Ahora era preciso buscar material para acampar, ya que era la opción mas barata si queríamos estar fuera tanto tiempo.

 

Ninguno de nosotros había hecho camping en solitario así que este era otro reto que tendríamos que pasar.

Recurrimos a los más entendidos para pedirles consejo y hacer una lista de lo más imprescindible. Pudimos conseguir algunas de las cosas que necesitábamos para arreglarnos al principio.

 

El resto lo compraríamos antes de pasar la frontera. El lugar idóneo y paraíso recomendado para ir de tiendas a buen precio era Andorra.

Sabíamos de la diferencia que existía entre los precios que conocíamos a nuestro alrededor y Andorra la Vella. Llevaríamos una tienda por si teníamos que parar antes de lo previsto y después compraríamos todo lo necesario allí.

 

 

Entre familiares y amigos localizamos por fin dos sacos y una tienda canadiense que alguien al que no conocíamos directamente nos presto, avisándonos previamente, que era muy antigua y que llevaba bastante tiempo en el trastero sin abrir, pero que para un apaño no dudaba que nos serviría.

 

El jueves, dos días antes de lo previsto, salimos de casa, para no encontrarnos con el trafico que se sumaba en la ruta de Andorra el fin de semana con los que iban para cargar el coche con artículos, con los que amortizaban el viaje y además obtenían un suculento beneficio en su venta.

 

En la baca del coche colocamos los sacos de dormir, la tienda, y maletas de gran tamaño, todo bien sujeto con unas correas elásticas y en el pequeño maletero además de los alimentos básicos, metimos bolsas pequeñas con lo mas preciso para el aseo y cambio de ropa. El resto fue embutido en los escasos huecos que dejaban nuestros cuerpos dentro del coche.

 

Estábamos felices y dispuestas para la aventura. Unos días fuera de casa que augurábamos estupendos.

 Nos vestimos con ropa y calzado muy cómodo y nos metimos dentro del coche camino de Fraga para recoger al cuarto pasajero. Este seria el único chico del grupo. Pedro un excompañero de COU que le dio la tabarra a Paula hasta que consiguió su objetivo.

 

Primero iríamos hacia Huesca en busca de Pedro y despues aun quedarían cientos de kilómetros hasta llegar a nuestro destino.

Decidimos madrugar y salir con la fresca. El día era espléndido así como nuestro ánimo. Pronto pensamos que dado el poco trafico que nos íbamos encontrando por la carretera, el trayecto lo haríamos más rápido de lo que creíamos en un principio.

 

Afortunadamente un stop muy bien señalado pero mal observado por la conductora que lo consideró como una simple ceda el paso, hizo que la guardia civil que estaba a pocos metros de allí, entre unos árboles, nos diera el alto en ese mismo instante.

Paramos en la cuneta, nos dieron los buenos días y nos regalaron una multa por no respetar las normas de tráfico. Nos preguntaron por el destino y nos recomendaron prudencia y calma si de verdad queríamos disfrutar de un viaje de placer llegando sanos y salvos. Eran las seis de la mañana.

No habíamos empezado demasiado bien pero fue nuestro seguro de vida. La multa y el rapapolvo, hicieron replantearnos el viaje con más tranquilidad. La frase mas repetida en el vehiculo era: “no tenemos ninguna prisa”.

 

 Paramos a desayunar y fuimos descansando a intervalos. En Fraga recogimos al cuarto pasajero de los brazos de su madre que nos lo encomendó como si fuese un bebe de teta y seguimos al pie de la letra las indicaciones de los agentes.

 

Cuando por fin atravesamos la gran avenida comercial de Andorra, buscamos el camping, que estaba muy cerca de allí y con las indicaciones, en pocos minutos lo encontramos.

Con un césped limpio y de un verde intenso… a nuestros pies se divisaba una magnifica vista de los alrededores. Nuestro alojamiento estaba enclavado en un lugar precioso que nada tenia que ver con la idea preconcebida de mercado abierto todos los días de la semana.

-¡No me imaginaba que esto fuese tan bonito! Hasta entonces solo había oído nombrar a Andorra en plan de tiendas.

-Es lógico que la gente que viene y va, en el día el fin de semana, solo con intención de comprar, no se pare a hacer turismo. Es que a lo tonto se van las horas y sino muchos tendrían que hospedarse aquí, y si os habéis fijado en este aspecto no es precisamente barato, con lo que los beneficios se quedarían en lo comido por lo servido.

- ¡Que maravilla de lugar y que limpio esta todo!

Reservamos plaza, nos aseamos y nos pusimos de nuevo en marcha buscando un lugar para comer.

 

Veíamos gente cargada de bolsas y de un lado para otro casi corriendo. Iban como locos por las tiendas y se notaba que muchos de ellos no era la primera vez que las visitaban. Era cierto que la diferencia de precios era escandalosa y no resultaba extraño que algunos que tenían pequeños comercios se dedicaran a venir los fines de semana cuando cerraban a comprar aquí ya que había tiendas abarrotadas por todos lados y de mercancías con sustanciosas ganancias. Los productos que compraban aunque restringidos tenían la venta asegurada.

 

Cuando entramos en el restaurante vimos a los primeros turistas en plan tranquilo. Hicimos lo propio y nos sentamos a disfrutar de la comida.

A la hora de pagar nos llamo la atención el uso de las pesetas y de los francos indistintamente y con toda naturalidad las dos monedas se manejaban según eligiese el cliente.

Despues del descanso de la sobremesa, nos fuimos de tiendas.

Ojeamos y comparamos el material que teníamos intención de comprar, para calcular el gasto y decidimos en que al día siguiente nada mas levantarnos y recoger todo, sacaríamos dinero, haríamos las compras, y seguiríamos ruta. De este modo no tendríamos que deshacer y recoger nuevos paquetes.

Tras el recorrido por las tiendas relacionadas con lo que necesitábamos, compramos algunas cosas pequeñas, y como pensábamos hacer mas acampadas en el futuro cada uno selecciono su adquisición según las necesidades y el uso que le iba a dar mas adelante. Todas contentas porque íbamos a tener material nuevo y propio a muy buen precio. Pedro no compro nada.

 

Nos paseamos por los alrededores y volvimos al camping cuando caía el sol, convencidos de que nos sobraría tiempo para montar la tienda.

Nada mas llegar empezamos a bajar las dos bolsas que guardaban las piezas de la tienda canadiense. Tan solo a primera vista y despues de haber visto tiendas y tiendas durante la tarde, nos dio el palpito de que el material que llevábamos era bastante escaso. Gonzalo habia traído la tienda la noche anterior y no habíamos revisado con él si estaba completa. Lo dimos por hecho.

- No os preocupéis por el montaje os aseguro que los campistas son muy solidarios.

Seguro que si tenéis algún problema, siempre habrá alguien que os ayudara. A todos nos ha pasado al principio.

 

Allí estábamos las tres dando vueltas alrededor de todo lo que se iba sacando de dos sacos que en su tiempo debieron ser grises claros y que ahora eran casi negros de la  roña que tenían ,esperando el milagro, de que saliesen también las instrucciones. Pero no fue así y despues de mirar y remirar el problema era que no sabíamos por donde empezar.

Tan ensimismadas estábamos con las piezas que no nos dimos cuenta hasta pasado un buen rato de que Pedro se habia esfumado nada mas llegar.

 

-El dueño de la tienda dijo que tenía muchos años, y desde luego no mentía.

- Claro como todo se moderniza, en las que hemos visto, habia complementos que seguro, que no habia cuando el se compro esta- dijo Inés.

Lo último que sacamos fue una tela como la de los soldados cuando van camuflados en combate. Teníamos las piezas más grandes extendidas sobre el césped; todos los clavos juntos, las barras al otro lado y las tres dando vueltas alrededor.

 

De nuevo la suerte nos sonrió ya que dos muchachos que nos observaban desde su tienda se acercaron a ofrecernos ayuda. Sentimos un gran alivio.

-La tienda no está bien, nos dijo uno de ellos en un español justito y con mucho acento.

Paula se dirigió en francés, no lo hablaba con fluidez, pero lo entendía perfectamente, dominaba lo más básico.

No eran franceses, tampoco italianos y la duda era si serian alemanes u holandeses. Lo que teníamos claro es que no eran españoles y que ninguna hablaba ingles así que tendríamos que utilizar nuestro mejor mimo y nuestras mejores sonrisas para hacernos entender y que nos echasen un cable.

Nos decían: más, más...

No nos entendíamos, así que empezamos a enseñarles todas las piezas que habíamos sacado de las bolsas.

-No, no, otro, otra cosa.

-Pues no tenemos nada más. No hay más…No mas…

 

Después de mirarnos unos a otros y no entender ni palabra nos señalaron en la dirección en la que tenían su tienda y nos llevaron hasta allí.

-¡Que esplendida tienda con todas sus piezas!

Haciéndonos una señal, nos mostraron el techo y el suelo y fueron señalando las cosas que nos hacían falta y que nosotros no llevábamos. No llevábamos ni martillo…

-¡Nos han dejado una tienda de cuando toreaba Manolote! dijo Maria.

Desde luego nos podían haber avisado... ahora me arrepiento de no haber comprado la tienda esta tarde. Seguro que con las instrucciones y lo que nos han explicado a lo largo del recorrido que hemos hecho, ya estarían montadas. Esto nos pasa por novatas.

- No se si por novatas o por ingenuas…y Pedro sin aparecer… ¡solo falta que se pierda el nene!

-¡Que putada! dijo Paula, me parece que nos faltan las piezas mas necesarias como el doble techo y los palos centrales para sostener el armazón.

 

-Es verdad recuerdo que la tienda de Gonzalo, dijo Maria, tenía primero lo que formaba el interior y sobre este se montaba un tejado con laterales que también se amarraban a la tierra. Además lo primero que hacia era colocar un inmenso plástico en el suelo como protección por si llovía y encima la base de la tienda. Después formaba un armazón metálico que por dentro y por fuera encajaba perfectamente y...

-Y, y ,y si Gonzalo estuviese aquí o tú supieses mas, no estaríamos aquí como idiotas viendo como estos dos se parten de risa, porque estoy segura de que esto se lo contaran a sus nietos en sus memorias. …Y un martillo o una piedra bien gorda porque no creo que a sartenazos podamos apañarnos…

-Bueno, bueno no os enfadéis que no arreglamos nada así… Como podíamos saber lo que habia en el interior si no lo habíamos mirado antes.

 

-¡Hombre el que faltaba!... si por aquí, aparece el hombre de la casa. Menuda ayuda que nos hemos traído contigo que un poco mas y te tenemos que llamar por los altavoces. Aunque da igual porque me parece que tú no eres precisamente un manitas...porque has desaparecido y vuelves a ver si hay suerte y ya esta todo hecho.

-Es que somos de traca, con un coche que va llamando la atención desde que hemos salido de casa, que el pobre no se ni como ha llegado hasta aquí... si hasta los abuelos ingleses, circulando por la izquierda y parándose en cada curva nos han adelantado un montón de veces.

-No digas que no se ha portado bien el cochecito: un seiscientos aguantando a cuatro plomos y cargado hasta la bandera.

 

Los dos chicos, despues de coger un martillo de su tienda, se acercaron y montaron la escasa estructura metálica. Con la mejor de las mañas nos levantaron un refugio lo mas acogedor posible. No se podía hacer nada más. Con la lona fina taparon la parte superior que apenas si cubría por completo el cielo pero como era la que menos pesaba era la única que el armazón podría sostener. Con la gruesa como suelo y algunas cuerdas hicieron el resto.

 

Sobre el suelo colocamos los dos sacos mugrientos que nos habían prestado, los tapamos con unas bolsas de basura y encima unas toallas donde apoyar las cabezas.

Nos preparamos unos bocadillos y unos vasos de leche y poco despues en vista del panorama nos acomodamos lo mejor que pudimos y nos tumbamos sin quitarnos la ropa que llevábamos.

El cielo se fue cerrando con nubes que se movían cada vez con mayor velocidad lo que hizo que oscureciese rápidamente.

 

Acostados uno a continuación de otro como rollitos de primavera presentados en una bandeja, aprovechamos al máximo el poco espacio que estaba aislado. Quedó un trozo de tela huérfana que no supimos en que parte podía haber encajado alguna vez y con ella nos tapamos como pudimos. Dudábamos si lo que teníamos era una tienda o los restos de dos.

Era tan cómica la escena que no nos quedo mas remedio que darle la vuelta a la situación, intentando ver el lado mas positivo, de lo que estábamos viviendo.

 

Gastamos bromas; elucubrando, en cuantas guerras habría participado, incluso le pusimos precio por si decidíamos subastarla en el camino para poder terminar las vacaciones:

-Señoras y señores les presentamos nuestra mejor reliquia: una autentica tienda de campaña de la primera guerra mundial... como verán, su estampado es de autentico camuflaje en tonos verdes claros y oscuros acompañados de ocres y marrones…no encontraran otra igual. Se acompaña la magnifica pieza de unos clavos de distintos tamaños ,oxidados por el tiempo pasado a la intemperie sufriendo las inclemencias del rudo frío, la lluvia, el  hielo... por favor rechacen imitaciones, esta es la original ¡no pueden dejar pasar la ocasión!

- ¿Cuántas tierras habrán horadado estas clavijas?... Efectivamente los terrenos más diversos y lejanos y siguen resistiendo aunque ahora presenten puntas menos afiladas… y que me dicen de los múltiples agujeros de las lonas perforadas por balas y sables.

- Incluso por alimañas, añadió Pedro.

- Bueno, bueno el fragatino, si también tiene sentido del humor...

- Ya lo han oído, nuestro experto en escapismo, les ha destapado otro de los secretos de los jirones de la tela.

 

Tras unos segundos de esto pasábamos por otra fase de cabreo simulado.

-De esto no se puede contar nada, sino seremos la comidilla de la ciudad, que digo de la ciudad… ¡de la región! que digo de la región… ¡de España entera…! ¡hay que ser pardillas!

-¡Ay. Ay, por favor no me hagáis reír mas! que si me tengo que levantar para ir a mear se descalabra el invento.

-Pues todas con las piernas cruzadas y tu Pedro haz lo que creas conveniente pero de aquí no te mueves tampoco.

- Con lo fácil que hubiese sido no traer nada y estrenar nuestra propia tienda…

-¡Deja de soñar que aun estamos todos despiertos!

 

 Tampoco sabíamos cuanto nos iban a costar y ahora aquí estamos como en los nidos del hospital cuando sacan a los bebes en el carrito para darles la teta…

- Hasta las tetas estoy yo, que se me esta clavando una piedra en mitad de la espalda.

-Venga, venga…exploradores, vamos a intentar descansar que hasta mañana, no podemos sacar dinero calentito.

- ¿Te imaginas que no nos hubiese llegado el dinero para pagar el restaurante…?

-Si, y que nos hubiesen hecho fregar los platos en cadena…

De nuevo risas y un chisssss…venga dejarlo ya.

- Es cierto. Creíamos que llevábamos algo seguro pero…vaya chasco. Menos mal que hemos sido previsores y tenemos dinero separado para incidencias.

- Si, pero de momento esta en el banco.

- Si, y si seguimos así de cenizos, me veo a la semana que viene en casa…

-¡No digas eso, que estamos a jueves!

- Bueno antes de cerrar los ojos una pregunta clave:

- ¿Todos de acuerdo en que en lugar de una tienda grande compremos dos pequeñas?

- Si. En una dormiremos nosotras y en la otra Pedro con los bultos. ¿Te parece bien o prefieres otro reparto?

- No, a mi me parece bien –dijo Pedro-. Prefiero estar solo…sin ofender.

- ¡No te jode dice que sin ofender! Al contrario, menudo alivio para nosotras que podremos desnudarnos sin que se te salgan los ojos de las orbitas o por la noche notemos una mano extraña que se mete por el saco.

 

Pedro que era muy tímido no dijo ni muuu. Nos lo imaginábamos rojo como un tomate.

-¡Aja! Ya sabes que el que calla otorga.

- Así que hemos dado en el clavo…

-El clavo otra vez, por favor no mentes la soga en casa del ahorcado…

De nuevo risas y la pregunta de Pedro: ¿pero de que os reís ahora?

-De nada déjalo…que si te lo tenemos que explicar ya no tiene gracia.

 

- Decidido, a partir de mañana, me convertiré en la mujer araña- dijo Inés- me comprare el saco rojo y negro que imita la tela de una araña y que me ha gustado tanto. ¡Que bien voy a dormir en un saquico acolchado! Podré taparme hasta la cabeza y es muy amplio, hay sitio de sobra por si quiero compañía…y he pensado que en lugar de comprar regalos, lo invertiré en el material y a la vuelta según como vaya el monedero ya veré lo que hago.

- Inés, Inés…vas lanzada… ¿eh? Es la primera vez que te oigo que piensas compartir el saco y no creo que sea con ninguno de nosotros.

 

Las risas de las primeras horas fueron apagándose cuando oscureció por completo. El cielo estaba negro.

-¿Habéis visto que cielo?

-No todo iba a ser bueno; en las autenticas aventuras se alterna un poco de todo para que sea mas emocionante. La multita de la mañana, el coche calado en plena cuesta delante del guardia en el paso de cebra y el freno de mano que no funcionaba e Inés desde el asiento del copiloto apretando el freno a fondo mientras Maria  metía la primera y desembragaba…  las caras de los chicos de la tarde que seguro se partían de risa aunque disimularan mientras intentaban echarnos una mano a las tres inútiles que con cara de tontas rebuscábamos entre todos los paquetes mientras “el listo”  se habia perdido y no aparecía por ningún lado… y ahora el cielo que por la pinta amenaza tormenta.

 

Reinaba el silencio cuando la lluvia apareció a media noche, primero unas gotas, despues más y más hasta que quedo patente que no iba a parar.

No nos habíamos dormido y resistimos dentro de la tienda durante unas horas, pero cuando la lluvia arrecio y empezó a calarse el techo y a meterse el agua dentro, dejamos todo y nos refugiamos en el coche.

El modelo de coche solo nos permitía permanecer en posición de sentados y sin mucho movimiento.

¡Que nochecita, madre mía! Con el palizón que llevamos encima…esto es peor que una guardia.

Al día siguiente en cuanto amaneció nos pusimos en marcha. Salimos del coche hechos unos cuatros y helados por el destemple.

Ya no llovía y poco despues el sol brillaba en un cielo completamente despejado y azul. Tomamos algo ligero, nos dirigimos al banco y de ahí al centro comercial en busca de las tiendas en las que habíamos preguntado el día anterior precios y modelos con intención de comprar todo lo antes posible.

 

No tardamos demasiado en decidirnos. Compramos dos tiendas canadienses iguales, para cuatro personas; unos buenos sacos de dormir; un martillo, comida y utensilios y volvimos al campamento a recoger la desastrosa tienda. La habíamos dejado para que se secara al sol.  No la hicimos jirones porque no era nuestra y tampoco conocíamos a su dueño pero no fue por falta de ganas.

¡Que culpa tenia la tienda...! No era un ser consciente. La pobre se gano en unas horas el desprecio más absoluto. Nos había dejado a la intemperie; con la nochecita que había hecho.

-Cuando vuelva me va a oír Gonzalo...

- Es el dueño el que no la ha conservado en condiciones, ¡que culpa tendrá el pobre Gonzalo!

-De todos modos aunque sea de poca utilidad; no podemos deshacernos de ella.

 No queríamos estrenar las nuevas tiendas sobre el suelo mojado y por otro lado como este no era nuestro destino nos apresuramos en envolver la tienda, llenar los sacos y cargar el coche.

 

Nos despedimos con unos sonoros besos de los dos chicos que, efectivamente eran holandeses, les mostramos nuestras compras y decidimos proseguir con el viaje.

Con el dedo pulgar levantado nos dieron su aprobación, y nos dijeron adiós agitando las manos levantadas, hasta que los perdimos de vista.

 

 

El cansancio y el sueño nos acompañaron toda la mañana y como no conseguíamos recuperar el ritmo, nada mas cruzar la frontera buscamos otro lugar en el que acampar.

A poco de llegar al camping de San Juan de Luz no tardaron en ofrecernos ayuda.

¡Qué alegría! ¡Como se agradecían estos detalles de unos desconocidos!

Hicimos buen uso de la ayuda.

Lo nuestro no había sido la acampada hasta ahora; pero estábamos seguros de que con este viaje íbamos a aprender mucho.

Nos instalamos; comimos con apetito y nada mas terminar nos metimos en los sacos.

El sueño se apodero de nosotros nada mas terminar él último bocado.

Al día siguiente nos levantamos renovados y de muy buen humor. Todo iba arreglándose sobre la marcha y eso nos daba la seguridad de que las vacaciones emprendidas serian estupendas.

Proseguimos hacia el Oeste de Francia. Tal y como estaba planeado.

Hicimos una parada en Bayona donde despues de un pequeño paseo compramos pan y bollería.

Cuando por fin, llegamos a casa de Ernesto, todos nos esperaban preocupados por el retraso.

-Disculpad pero hemos llamado en varias ocasiones y no hemos podido localizaros.

-Estábamos muy preocupados, pero por otro lado decíamos, si les ha pasado algo ya lo sabríamos.

-Estamos perfectamente lo que sucedió es que la maldita tienda de campaña que nos dejaron nos hizo la puñeta y nos ha retrasado.

-Tuvimos la mala suerte de que nos lloviese por la noche el primer día ya que despues el tiempo se ha mantenido dándonos tregua.

- ¿Así que habéis notado el cambio de clima?

-Si pero con las tiendas y los sacos nuevos hemos estado muy bien.

Nos pusimos manos a la obra y en poco tiempo estaban las tiendas montadas y todo ordenado.

 Despues de una buena ducha caliente y ropa limpia pasamos al comedor de la casa donde una comida en familia nos esperaba impaciente. Comimos a dos carrillos y las anécdotas y las risas estuvieron presentes durante toda la jornada

Ya estábamos en casa y todo era tranquilidad y alegría.

 

Ernesto tuvo que volver a hablar su lengua materna para comunicarse con nosotros y fue sorprendente comprobar lo distinto que sonaba su voz en cada idioma. Cuando se expresaba en español conservaba el mismo acento del pueblo en el que nació.

 

Cuando nos despedimos, con nosotros se fue un trocito de esa España que él añoraba siempre y de la que habia podido disfrutar durante unos días través de todo lo contamos.

Aquella maravillosa visita termino con todas las vacaciones y la firme promesa de visitar con más frecuencia a la que desde entonces se convirtió en mi familia francesa.

 

©Escrito por Camelia


 

 

 
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