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  ¿El problema se llama Dolores Aleixandre? - Luis Alberto Henríquez

   

 

¿El problema se llama Dolores Aleixandre?

 

Por Luis Alberto Henríquez Lorenzo

    

Con su sapiencia teológica habitual -desconcertante en una persona de formación autodidacta- y su celo doctrinal característico, peculiar -”El celo de tu casa me devora” podría repetir Luis Fernando Pérez Bustamante con Juan 2,17b-, el bloguero y director de Infocatólica alinea a la conocida religiosa y teóloga Dolores Aleixandre, rscj, en la línea del progresismo católico (lo hace en su artículo “El sueño circular y la primavera creativa y alegre”: 22-3-2012), principal responsable, según afirma susodicho autor y en general todos los blogueros de Infocatólica, de la secularización interna de la Iglesia católica. Por mi parte, sin negar la oportunidad y todo el acierto de no pocas de sus consideraciones -a decir verdad, no con todo lo que plantea Luis Fernando comulgo, tampoco con aspectos de su tono expositivo-, hago algunas consideraciones al calor o la luz del artículo de marras.

     En lo tocante al asunto de la secularización interna de la Iglesia católica, es obvio que importa la manera como el Magisterio ha de tratar los casos de heterodoxia, presunta, posible o bien real, de religiosas como Dolores Aleixandre o como Periquilla de los Palotes, lo mismo diera para lo que interesa al Magisterio: el cumplimiento de su ministerio de confirmar en la fe a los cristianos. Sin embargo, las ideas disidentes o heterodoxas circulan más fluidamente hacia el interior de la Iglesia universal por la mentalidad heterodoxa, seudocatólica, antimilitante y burocrática de miles y miles de fieles que no son Dolores Aleixandre, cuya sapiencia teológica y cuya altura de fe no voy a discutir, a pesar de su más que probable heterodoxia doctrinal y su vinculación con el ala progre de la Iglesia; ala escorada a la izquierda con la que, al contrario de lo que le pasa a Luis Fernando, un servidor no se siente tan lejano ni crispado y sí a veces bien, cómodo -no siempre, cierto-.

     No sé si por falta de rigor teológico por mi parte o de celo doctrinal o por lo que sea, el caso es que no voy a poner en solfa los talentos como teóloga de Dolores Aleixandre, como biblista, ni su valía como religiosa del Sagrado Corazón. Y sobre todo no lo haré porque la falta de verdadero testimonio de fe de tantos católicos tibios -no pocos de ellos ocupantes de altos cargos de responsabilidad eclesial- es realmente acojonante hoy día y paraliza más la vida de la Iglesia y sobre todo la fuerza expansiva y operante de la fe, que la vida, obra y milagros de Dolores Aleixandre. La cual tal vez, pese a que para Luis Fernando Pérez es miembro propincua del progresismo eclesial, no sea precisamente una cristiana tibia, mediocre, y sí más bien una entusiasta discípula del Resucitado, religiosa profesa desde los 20 años (frisa los setenta la religiosa del Sagrado Corazón). No en balde, entre las filas de los llamados o autoproclamados católicos progres yo mismo creo haberme encontrado a lo largo de mi vida con personas excepcionales, con buenos creyentes; todo ello, indudablemente, más allá de considerar que en efecto en los tiempos que corren los movimientos más pujantes en la Iglesia católica son los de corte más conservador (Opus Dei, Legionarios de Cristo, Camino Neocatecumenal...), y no en modo alguno los considerados más progresistas (HOAC, cristianos de base, etcétera).

     No pocas autoridades de la Iglesia universal (laicos con delicada responsabilidad en el gobierno o administración de la Iglesia, religiosos, religiosas, una nada desdeñable cantidad de curas, e incluso obispos), de forma harto visible en las últimas décadas -acaso también por una mala interpretación del Vaticano II en claves de hermenéutica de la ruptura y no de la continuidad: Hans Küng versus Benedicto XVI, por ejemplo- han ido enterrando la espiritualidad militante en beneficio de la promoción de fieles de mentalidad burocrática. Y no me parece que se haya hecho un verdadero esfuerzo por evitar que las cosas acabaran por llegar adonde han llegado en la Iglesia.
     Por ejemplo, la Iglesia católica está llena de feministas radicales que, no sé si a ejemplo de lo que también  sostendría  en alguna medida alguien como Dolores Aleixandre, a veces con declaraciones disidentes y sobre todo con el testimonio de sus vidas desautorizan a la Iglesia, a su Magisterio. Y ahí siguen, no pocas incluso ganándose la vida gracias a la Iglesia católica, cuya mano muerden. ¿Son así tal vez por el magisterio paralelo de alguien como Dolores Aleixandre, Andrés Torres Queiruga, o cualesquiera otros teólogos considerados heterodoxos y disidentes, o por la desidia más bien de no pocas autoridades eclesiales, que les ríen las gracias?
     La mediocridad de la vida de fe esta tan ampliamente extendida en el seno de la Iglesia católica actual -también, ni que reconocerlo habría, en mi vida de cristiano mediocre-, a mi juicio en parte por causa de esa secularización interna, sí, pero también por causa de haber ido bajando el listón del ideal de la vida de fe: la espiritualidad de encarnación ha ido siendo sustituida por las componendas propias de la administración burocrática de la Iglesia. La mentalidad  antimilitante, meramente funcionarial, antinatalista o anticoncepcionista (fruto del feminismo radical o de género), mundana o simplemente secularista campa a sus anchas en la Iglesia de Cristo. Mas ¿quién le pone el cascabel al gato?

     A mi juicio es tan lamentable la realidad de desfondamiento moral de la Iglesia católica actual en España -que igual la propia Dolores Aleixandre lamenta en similares términos a los míos, no lo sé ni es algo que me quite el sueño en los tiempos que corren-, que caben pocos consuelos: uno, el sentirse vivo y amado por Dios, por el Dios de la vida, la justicia y la verdad (pues nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Dios, parafraseando a san Pablo); dos, el considerar que “total, tampoco en España estamos tan mal, pese a la crisis que no cesa, los recortes, los despidos, el paro (sobre 3.600 interinos más se vaticina que saldrán despedidos de la función pública en Canarias, por causa de los recortes en educación, sanidad y asuntos sociales del muy neoliberal Partido Popular), pues ni siquiera somos cristianos perseguidos, como sí lo son en otras partes del mundo en que los cristianos son minoría -cada cinco minutos, muere un cristiano en el mundo, por dar testimonio de su fe-. O en realidad por el consuelo que cada hijo de vecino desee para sí y para los suyos; tres de los últimos míos no son otros que la lectura y relectura de nuestros clásicos literarios hispanos, la inmersión en la filosofía de B. Spinoza y la visión fascinante del cine del ruso Andréi Tarkovski, que es maravilloso: muy raramente se puede experimentar en otros cineastas la impresión de tiempo detenido que se experimenta con la visión del cine del ruso Tarkovski.

   

 

 

Marzo-abril, 2012, Islas Canarias  

  

Luis Alberto Henríquez Lorenzo.    

 

 

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