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  La discriminación positiva
   

  

 

La discriminación positiva

Ángel Ruiz Cediel
 

 Fraternos míos de la Congregación Cósmica del Eterno Candor:

Entre los más flagrantes atropellos escoñoles de la modernidad, plaza de honor ocupa la discriminación positiva, artificio politiquero ideado por oportunistas y/o feministas para arrodillar y bajar la cresta del hombre como género, transfiriéndole contranatural a una condición de culpable de facto sin que sean preciso otra cosa que el testimonio de una mujer. Poco importa, hábilmente manipulado desde los arrabales de la política y sus medios de comunicación, que la conculcación de la Constitución y aun de los derechos fundamentales del individuo (el hombre, en este caso) sean un suceso consuetudinario de esa ley perversa, proyectando sobre la sociedad la luz de la discriminación positiva... y la acérrima tiniebla de la discriminación negativa.

La sociedad, con esto del feminismo exacerbado y la revancha histórica, se ha vuelto noña, legislando y penando a contraderecho. Basta que una mujer acuse a un hombre de lo que sea para que, sin otro requerimiento que su tal vez malintencionado testimonio, al hombre se le estigmatice de por vida y aun se le condene a un siniestro penal, no siendo infrecuente ver cómo abogadas, fiscalas y juezas forman frente común contra el hombre, valiéndose de éste y otros artificios como palanqueta para conculcar sus derechos. Si se es acusado por mujer (no importa el delito) y se entra en una sala presidida por mujer y con otras féminas como letradas (y aun por letrados o fiscales feministas), bueno le será llevar consigo regular provisión de mantequilla de Soria, porque sólo las posturas han de dirimirse en el proceso. Puede ser que el testimonio de la acusadora sea movido por un afán de simple y llana venganza, pero ese hombre verá cómo su vida es destruida por la Administración de eso! que llaman los escoñoles justicia. Penar sin pruebas: a este extremo de meridiana estupidez han llegado.

No se entiende, fraternos míos, por qué esta generación de hombres tiene el dudoso honor de que sobre ella recaiga la compensación de milenios de menosprecios o abusos hacia el género femenino, pagando por lo que no deben, ni perpetraron ni siquiera vivieron. Da lo mismo que la Carta Magna hable de igualdad entre los ciudadanos o que los diferentes delitos estén tipificados perfectamente en cada Código; si es hombre denunciado por mujer..., a galeras. Tal vez por eso hay la cantidad de homosexuales masculinos que hay, y aun son pocos. ¡A ver quién se atreve, tal y como están las cosas, a dar mucho crédito a sus hormonas e iniciar romance! Cuando la cosa va bien, miel sobre hojuelas; pero cuando la cosa se pone tensa: «Te vas a enterar: te voy a quebrar la vida...» Y se la quiebra, palabrita. En fin, las cosas del amor, ya se sabe.

No tiene la menor importancia la calidad literaria de la escritora: triunfa; ni su parte de culpa en la creación del conflicto: inocente; ni su talento en política: la mitad de los puestos serán para ellas; etcétera. Lo del mejor y el más capaz, sin consideración de género, merece sólo un RIP. En las oposiciones pasa otro tanto, incluso hasta el extremo de que en ciertos Organismos Públicos, como el ICEX, lo que es raro encontrar son funcionarios porque la práctica totalidad de la plantilla está conformada por mujeres. Hay locales y empresas privadas sólo para mujeres, entre ellas incluso algunas publicaciones, pero ¡qué afrenta no sería que tal cosa fuera exclusiva de hombres!Si hay divorcio: todo para ella; si esa pareja que se separa tuvo hijos: para ella también; si tenía una casa, aunque aun la estén pagando: para ella, teniendo él que abonar forzosamente su parte; si ella ganaba menos: pensión de por vida, aunque cuando la conociera un par de años atrás habitara en un arroyo; y si hay además denuncia de malos tratos físicos o fisiológicos: a galeras, ya digo, y además inclementemente, ejemplarmente. ¡Y hasta puede ser que se la dé una pensión a cargo al erario! Y así con todo.

Desequilibrio y aberración semejante como lo es la continua demonización maculina, naturalmente, produce justo el efecto contrario al pretendido por aquellos loables cándid@s que quisieron ir más allá de la razón... y lo consiguieron, provocando que el arrinconado machismo que existía en la sociedad venga a dar en un monstruo feroz que se alambica y encastilla para defender los últimos reductos de los derechos masculinos injustificadamente avasallados. El amarillismo periodístico y la manipulación feminista tienen mucho que ver en esto, pues que han convertido en aberrante lo que trágicamente entra dentro de una dolorosa normalidad, tal y como confiesan los tozudos datos provenientes por igual de sociedades menos que más evolucionadas que la escoñola. Y no es que haya que encogerse de hombros, sino aplicar con rigor las ecuánimes leyes que ya existían.

Así es la cosa, fraternos míos de la Congregación Cósmica del Eterno Candor: los escoñoles tienen leyes para castigar faltas y delitos: pero han culpabilizado sólo al hombre; tienen una Constitución que pregona la igualdad: pero se ciscan en ella en beneficio de una parte; y lo llaman discriminación positiva, y lo es, pero sólo para ellas: a quien fue condenado sin más pruebas que el testimonio de una adversaria, probablemente falso, falaz o doloso, sin duda le parecerá que es un preso político en su propio país. Y nunca lo será con mayor Justicia.

 

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