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  Monseñor Óscar Romero

   

Hoy 24 de marzo de 2010, se cumple el trigésimo aniversario del asesinato de monseñor Óscar Romero

Por Luis Alberto Henriquez Lorenzo

Consideraciones preliminares

 

Considerándome muy probablemente más indigno, aburguesado, individualista, insolidario y mal discípulo de Jesucristo –de cuya Iglesia universal, empero, no me avergüenzo, a pesar de mis muchas faltas y de las innúmeras faltas de la Iglesia y de la incomprensión sufrida por mí mismo de parte de algunos sectores y personalidades de la Iglesia- que muchos adalides del progresismo eclesial, he de reconocer, no obstante, que monseñor Óscar Romero ni me pareció en su momento, y mucho menos me lo parece ahora, con la inevitable perspectiva histórica que van tomando los hechos, un prelado diríamos que secularista, mundanizante. Todo lo contrario: a través de sus escritos, no muy abundantes, y a través de sus homilías, lo que se descubre, me parece, es un hombre profunda y radicalmente comprometido con la justicia social porque profunda y radicalmente fue un hombre de Dios, del Dios de Jesucristo. Y un profundo y convencido enamorado de la Iglesia, santa y meretriz, en afortunada expresión de cuño agustiniano, a pesar de sus desencuentros con personalidades y sectores de la Iglesia. Pero esto sí: al menos quien estas líneas escribe no ha logrado encontrar, “bebiendo” de la espiritualidad tan prístinamente cristiana presente en el pensamiento de monseñor Óscar Arnulfo Romero (San Romero de América, según expresión del obispo dimisionario de Sao Félix do Araguaia, el claretiano catalán Pére Casaldáliga), justificación alguna para la vertebración de un catolicismo guerrillerista, cheguevarista, castrista, chapista o evomoralista.

 

     En absoluto: cuanta más pasión por la justicia social se descubre en el pensamiento espiritual de monseñor Óscar Romero, más se puede aprehender, me parece, su total identificación con la causa de Jesucristo, con la de la Iglesia universal, y con la de la no violencia activa. De manera que justamente por ello me parece entender las recientes palabras del actual obispo auxiliar de San Salvador –de cuya diócesis metropolitana fue cuarto arzobispo monseñor Óscar Romero-, monseñor Gregorio Rosa Chávez, al afirmar que el legado de Óscar Romero “se ha politizado”. Lo reconoce en una entrevista concedida al semanario católico Vida Nueva: el legado de Óscar Romero se ha politizado, reconoce el prelado salvadoreño, sobre todo por parte de grupos revolucionarios de inspiración marxista, ideología que en modo alguno aparece recogida en el pensamiento espiritual del obispo mártir salvadoreño.    

     Pero también se ha politizado en sectores de la Iglesia católica; mejor, se ha progrestizado (de ahí mi referencia inicial al progresismo eclesial): a menudo se ha utilizado la figura del obispo mártir salvadoreño para criticar tal o cual actuación del Papa de turno, tal o cual acción pastoral o tesis teológica del Magisterio, como si el obispo mártir salvadoreño estuviese a favor del aborto o incluso, dando un salto en el tiempo desde su tiempo al nuestro, de los mal llamados matrimonios entre homosexuales, pongamos, en tanto el Magisterio los condena. No, nada es así. Y la verdad, al menos yo no he sabido encontrar esas “incompatibilidades” entre el pensamiento teológico y la acción pastoral del obispo salvadoreño y la llamada con desprecio Iglesia oficial o vaticana; digo diferencias insalvables, más allá, obvio, de las discrepancias típicas existentes en toda familia, en toda familia humana.

 Meollo del asunto    

De modo que cuando pienso en Óscar Romero pienso en alguien como Dom Hélder Cámara, otro de los grandes profetas de la Iglesia y de los Pobres, precisamente por ser un enamorado de Jesucristo. Óscar Romero y Dom Hélder Cámara amaban con auténtica pasión a la Iglesia; muchos adalides del progresismo, en cambio, eclesiales y no eclesiales (es decir, ateos, anticlericales diversos, cheguevaristas, etcétera), desprecian de mil maneras a la Esposa de Cristo, tan santa como prostituta, cierto (esto es, tan saturada de hipócritas, embusteros, cínicos…), pero la Esposa del Esposo. Óscar Romero y Dom Hélder Cámara -quien mantuvo el hábito de levantarse, durante décadas de su longeva y fecunda vida, a las tres de la madrugada prácticamente a diario para la oración personal; de esta práctica fui yo mismo, humilde seglar, testigo ocular- fueron creyentes profundamente espirituales, profundamente orantes; no pocos sectores progresistas, intraeclesiales y extraeclesiales, desprecian la vida espiritual en general, y la oración cristiana en particular. Óscar Romero y Dom Hélder Cámara amaban con pasión profética y misionera la eucaristía: el salvadoreño Óscar Romero murió acribillado a balazos mientras celebraba misa; Dom Hélder Cámara -yo tuve ocasión de ver esto en vivo y en directo- se emocionaba vivamente al celebrar la eucaristía; muchos secularistas o mundanistas, no obstante, desprecian la eucaristía, las prácticas de fe piadosas, etcétera, que el propio monseñor Óscar Romero no despreciaba, pues no en vano él mismo "procedía" de una espiritualidad conservadora y tradicionalista, la propia del Opus Dei, con algunos de cuyos miembros, por cierto, mantuvo siempre una relación muy cordial, hasta la víspera misma de su muerte. A pesar de sus desencuentros con la Santa Sede, monseñor Óscar Romero no zahería a la Iglesia, a sus pastores, al Papa, etcétera; Dom Hélder Cámara repetía y repetía que se consideraba amigo de Juan XXIII, de Pablo VI y de Juan Pablo II, a los que consideraba grandes discípulos de Jesucristo y excelentes papas -al tiempo que ciertos representantes del progresismo eclesial consideraban que es que el arzobispo dimisionario de Recife decía lo que decía porque ya chocheaba; también fui testigo de esto-. Empero, no pocos adalides del progresismo eclesial desobedecen como por sistema a los pastores -con lo cual se sitúan al margen de la doctrina y del espíritu del Vaticano II, pese a que afirman creer mucho en este, argumentando que lo siguen sin concretar en qué se basan para sostener que lo siguen-, e insultan al Papa. Y no es que desobedezcan en asuntos opinables, es que pasan de la doctrina de la Iglesia en cuestiones dogmáticas o sustantivas de doctrina social, doctrina moral personal, etcétera.

 

     Y para más inri, algunos y algunas de esos pertinaces desobedientes a la doctrina de la Iglesia universal, con el Papa a la cabeza, se ganan la vida en asuntos y movidas de la Iglesia con cuyo credo no están de acuerdo. En fin, lo de “contradicciones veredes”, amigo Sancho, también en el seno de la Esposa del Esposo. Sólo que, precisamente esa clase de contradicciones en los tiempos que corren, con una crisis descoyuntando el horizonte mediato a corto, medioy…

     De modo que sí: todo lo anterior es lo que no consigo casar bien con el legado espiritual de alguien como monseñor Óscar Romero.

 

24 de marzo, 2010.

LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO. Licenciado en Filología Hispánica.

 

 

 
 


 
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