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  programa político PSOE - Luis Alberto Henríquez

   

Sigo teniendo serias dudas sobre que de verdad sea socialista el programa político del PSOE

Por Luis Alberto Henríquez Lorenzo

 

    

Algunos de los barones del PSOEdizque socialistas, también de Canarias, recientemente han manifestado, de lo cual lógicamente se han hecho eco los diversos medios de comunicación de masas (radio, prensa, televisión, Internet), que lamentan la decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de no presentarse como candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno de la nación, en las próximas elecciones generales o nacionales. Y han apostillado, unánimes: “pero hay que valorar el gesto de honradez política de un gran político como Zapatero, de un gran estadista que ha querido en todo momento sortear con sensatez y equilibrio socialistas la crisis económica que azota España porque azota el mundo entero. Y al que debemos avances fundamentales en la modernización de este país”. Y bla bla bla.

 

     ¿Será finalmente el veterano Rubalcaba el candidato socialista a la presidencia del Gobierno de la nación en las próximas elecciones generales? ¿Se optará por la madura juventud y el “aire fresco” de Carme Chacón? ¿Hay un tercer candidato sorpresa? Sea como sea, lo que sí me parece meridianamente claro es la estrategia del juego dialéctico de la política partidista: como de lo que se trataba por parte de los barones y dirigentes del PSOE no era sino de defender poltronas, mamancias e intereses partidistas y al tiempo cerrar prietas las filas en torno a una figura política tal tan nefasta, nefasta por insolidaria y falsamente socialista, no les ha interesado pronunciar ni una sola palabra de crítica a la vergonzante realidad de los eurodiputados, pongamos, cuyo sueldo no se sabe bien  a cuánto astronómicamente asciende, sólo que sí es seguro que entre lo que netamente se llevan por nómina y lo que disponen en concepto de dietas y dinero contante y sonante para contratar asesores, debe rondar la friolera de ¡los 30.000 euros mensuales! “Échale mojo a la cosa o rállate un millo”, como decimos en Canarias. Por un trabajo que es inmensamente menos sacrificado que el de la construcción, que el de agricultor, pescador, obrero de la construcción, guarda forestal, carpintero, profesor, médico, enfermera, mecánico, o ama de casa... Increíble. Patéticamente injusto.

 

     Permítanme el apunte autobiográfico, que viene a cuento. Mi madre, de 69 años, me ha contado que teniendo ella 18 meses fue llevada, por su madre y un tío hermano de su madre, en brazos desde un barrio de Arucas hasta el municipio cumbrero de Tejeda, aquí en Gran Canaria (mal que le indigne y pese al fanático insularista D. José Rodríguez Ramírez, Gran Canaria, isla hermana de Tenerife y de todas las demás, islotes incluidos en el lote). Más de 50 kilómetros, casi todos cuesta arriba, por carreteras polvorientas en mal estado y por atajos y caminos de herradura. Fíjense: la subida a Los Pechos de Tejeda está considerada como el puerto de categoría especial más duro de cuantos pueden subirse en Europa: hace más de veinte años yo lo subí en bici en compañía de un amigo de entonces y a poco de llegar, caí fulminado, a un lado por el arcén la carretera, no por un rayo sino por una fulminante pájara. Hoy son muchos los ciclistas que suben ese puerto. Hace casi setenta años, mi abuela materna se pegó ese descomunal pateo porque iba a ser la madrina en el bautizo de una sobrina. Caminando ellos, hermano y hermana, durante todo el trayecto; ella mi futura madre, cogida en brazos.

     Debía correr el año 1943, en plena postguerra española con sus cartillas de racionamiento, pobreza, miseria y hambre. Escasez de alimentos, infraestructuras y demás “avances y comodidades” con que hoy sí contamos a inicios del siglo XXI, encima agravados entonces muy pronto, a los pocos años de acabada la fratricida contienda civil española, por la Segunda Guerra Mundial, esto es, por el muy considerable descenso del tráfico de barcos en los puertos canarios: la segunda gran guerra de Europa en el siglo XX trajo consigo que las Islas Canarias sufrieran una especie de corte portuario en el suministro de toda especie de mercancías, alimentos... Hasta el extremo -recordémoslo hoy como apunte histórico que sentimos como “entrañable”-, de que en Arucas, mi ciudad de origen, abundaron los propietarios de los entonces llamados palomos robones -en la actualidad, raza autóctona canaria, ya reconocida, conocida como palomas buchonas canarias- que, aprovechando las dotes celosas y conquistadoras de esos palomos, mataban el hambre con sopitas y calditos sazonados con las palomas que sus ejemplares palomas “robaban” hasta el palomar propio. Casi siempre situado éste en las azoteas de las casas, en compañía de cabras, conejos y gallinas.   

    

     En fin, imágenes entrañables de nuestra historia canaria. El episodio de la más tierna infancia de mi madre me ha hecho recordar algo que solía repetir mucho ese militante obrero excepcional, pese a todos sus errores  y defectos, llamado Julián Gómez del Castillo, hijo y nieto de militantes socialistas “de los que pagaban por serlo” -como solía repetir mucho él-, “frente a los actuales, que en general cobran, y cómo cobran, por no serlo” -a menudo, con sorprendentes y amigachos consentimientos eclesiásticos- Solía referirse Julián (nacido en 1924, creo, y muerto hace un par de años) a que no recordaba a su madre más que teniendo una sola muda de camisa, acostándose siempre la última y levantándose la primera (madre de cinco o seis hijos, y con su marido, que era militante ateo, no así ella, casi siempre en la cárcel, por causa de las luchas de aquél por la justicia y el socialismo militante), y no raramente yendo a pie de un pueblo a otro recorriendo grandes distancias, para llevar comida, enseres o lo que se necesitase, a familiares y conocidos, en plena época de escasez, hambre y paro cuando las luchas sociales obreras en España: en Gran Canaria, concentradas entonces sobre todo en el Puerto de la Luz, en las cuales luchas descolló la figura política excepcional del grancanario José Franchy y Roca y, como cantor del mar, especialmente representado y concentrado en ese nuevo y potentísimo puerto de Gran Canaria, el excepcional poeta Tomás Morales, cuya obra poética por fin rigurosamente revisada y editada debemos al joven profesor universitario canario Osvaldo Guerra.

    

     Y yo me pregunto: la ministra Pajín y la ministra Aído o cualquiera de las feministas progres que se desempeñan en trabajos de la Iglesia católica, y en general toda la progresía agnóstica y eclesial que vive a menudo incluso económica y profesionalmente muy bien bajo el paraguas protector de curas y sectores e instituciones eclesiales enteros, ¿entienden algo de este tipo de solidaridad a fondo perdido de la mujer cristiana, sin la cual no habría habido solidaridad obrera; mujer cristiana solidaria, madre en general de familias numerosas, no como hoy, en que ni las que van de jóvenes católicas quieren tener hijos solidaria y generosamente, aunque trabajen gracias a la Iglesia...? ¿Y toda la burocracia que ocupa no sé cuántos trabajos en la Iglesia católica sin plantearse ni remotamente la militancia cristiana, la espiritualidad conyugal, la generosa apertura a la vida...?¿Entienden algo de esta solidaridad las jóvenes cachorros dizque anarquistas que están pintarrajeando los muros de las iglesias en Madrid y en otras ciudades españolas...? Y lo que es aún más grave, muchos de nuestros obispos católicos ¿la entienden, la conocen y la fomentan? Muchos de nuestros obispos, sí, que a menudo son los responsables decisivos a la hora de consentir en la Iglesia católica que en vez de militantes cristianos proliferen trepas, burócratas, espiritualistas desencarnados, feministas progres, secularistas mundanizantes y demás familia. Y por la parte que me toca: ¿la entiendo y la aprecio y la fomento yo mismo que me quejo y que estas líneas escribo? Abrigo graves dudas o reservas.  

 

     Pero prosigamos ahora más centrados en el asunto de los eurodiputados. En España, contamos con cincuenta, de todos los pelajes ideológicos. También, huelga decirlo, del PSOE. Como a los canarios nos toca de cerca, el partido socialista y obrero fundado por Pablo Iglesias cuenta con los servicios, como eurodiputado, del señor Juan Fernando López Aguilar. Este señor, de currículum académico tan brillante como brillante es la ausencia de socialismo real y militante en su trayectoria política y en su quehacer político actual, naturalmente tampoco dice ni mu en contra de los vergonzantes privilegios que tienen los eurodiputados españoles, que hasta se permiten teorizar sobre las exigencias de la crisis, sobre el aumento en dos años de la edad de jubilación -ellos, sí, que cuentan con unos desproporcionadamente injustos privilegios en ese ámbito-, sobre que tenemos los españoles de a pie que apretarnos el cinturón, aún más -incluidos los casi 5.000.000 de parados, los pensionistas, los privilegiados mileuristas...-...

 

    El que la realidad sea así obedece, a mi juicio, a un fleje de injusticias, despropósitos y degeneraciones del ejercicio de la política; entre estas últimas, la constatación, que es mucho más que una sospecha, de que las políticas dizque socialistas del PSOE se parecen al socialismo  “real, equitativo, militante e interesado en el reparto justo de la tarta de la economía nacional”, lo que un huevo a una castaña.

 

     Pero quería sobre todo ocuparme de Zapatero. Ya sabemos que para los llamados barones del PSOE y para muchos de sus dirigentes, el político vallizoletano es un primor, un prócer de la política nacional. Un lujo del que no deberían privarse los españoles; además de que, sin Zapatero, haría menos gracias el periodista radiofónico Federico Jiménez Losantos. Sin embargo, no se requiere ser ni adivino ni muy mal pensado o perspicaz para sospechar con total fundamento que tal opinión panegírica no la comparten muchos de los casi 5.000.000 de parados en España, ni muchos pero lo que se dice muchos de los jóvenes que ven muy oscuro el horizonte de la autorrealización personal en este país...

 

     Tampoco, una mayoría de fieles católicos que se manifiestan fieles a la doctrina del Magisterio; obviamente, no incluyo en el grupo de los que sienten malestar hacia las políticas sociales -o de ingeniería social- del gobierno de Zapatero, al dispar grupo de los católicos llamados progres, los cuales sorprendentemente suelen ver con buenos oídos, aprobación y ojos, salvo honrosas excepciones, el que el PSOE legisle a favor del aborto, por ejemplo, al tiempo que suelen ver mal, con malos hábitos de recibimiento y con ojeriza, el que el Papa proclame que el aborto es un crimen execrable. Pero en fin, tal curiosidad no es el asunto de esta reflexión; quede, así pues, solo apuntada.

 

     Los católicos deseosos de fidelidad al Magisterio, comúnmente adscritos a corrientes ideológicas conservadoras y de derechas -no siempre es así ni tiene por qué ser así-, le echan en cara a Zapatero el haber legislado en sus casi ocho años de gobierno, a favor del aborto y por ende en contra de la vida (reciente modificación de la Ley del Aborto); a favor del llamado matrimonio homosexual al precio de atentar contra lo que estiman es el auténtico matrimonio, que ha de estar formado por un hombre y una mujer que se aman y han de estar abiertos a la transmisión de la vida; a favor de ir preparando el terreno para la aprobación, en un futuro muy próximo, de la eutanasia; a favor de fomentar la promiscuidad sexual y la banalización de ésta con la aprobación de todas las facilidades legales para facilitar el acceso a la llamada píldora del día después, sin receta médica y sin el consentimiento de sus padres, madres o tutores, a las chicas a partir de los 16 años; en contra de la estabilidad del matrimonio por causa de la aprobación del llamado divorcio express; etcétera.

 

     Desde luego, podrá objetarse, en contra del parecer de los católicos, que el presidente Zapatero ha debido legislar para el conjunto de los españoles, en un Estado aconfesional, laico, democrático, en el que el orden moral católico, aunque los adheridos al mismo lo reputen como el más verdadero de entre los verdaderos, no ha de imponerse a todos. Esta cuestión disputada se las trae, por controvertida, y porque justamente es controvertida porque confluyen en ella factores y contenidos de muy diversa índole: morales, ontológicos, jurídicos... Con todo, no es mi interés ocuparme de arrojar sobre ella mi contribución de luz... o de sombras, en el caso de que no pudiera quien estas líneas escribe ofrecer más que bobadas al respecto.

 

    Mi interés sigue siendo plantear en voz alta lo que ya he insinuado en párrafos precedentes, a saber, ahondar en si el programa de socialismo de Zapatero & cía se puede considerar realmente socialista o no.

 

     Al menos yo, no dejo de abrigar dudas al respecto; no porque me atraiga el PP, que me atrae aún menos, quizá, al menos en un cierto sentido, sino porque me duelen un poco -acaso no tanto como a los santos y santas, a los militantes libertarios de verdad (no me refiero a los de ahora que, más pendientes de la gusticia que de la justicia, seguramente, se dedican a hacer pintadas incendiarias en iglesias católicas), o a los misioneros y demás benefactores de la humanidad-, la pobreza, la desigualdad social, el paro, las injusticias...

 

    Por eso me cuesta aprehender qué hay de socialismo de verdad en el ideario político de un señor que negó y negó la crisis económica hasta que no pudo negarla más porque ésta le estalló en su mismísima cara. En este sentido, mucha gente en España está convencida de que Zapatero tiene nariz de pinocho, aunque en nuestro Presidente sobresalgan más las cejas y las orejas.

 

     De ahí que me cueste asimismo entender qué hay de verdadero socialismo en el proyecto ideológico-político de un señor que prometió, desde que llegó al Gobierno, cuando lo de la curiosa carambola entre la guerra en Irak y el atentado terrorista en Madrid, no sé cuántos cientos de miles de puestos de trabajo, y empero vamos imparables camino de los 5.000.000 de desempleados, con tendencia a que lleguen a ser más, pues Zapatero y sus más directos colaboradores casi siempre se han equivocado cuando han anunciado que la galopante crisis va a remitir por fin.

 

     Por eso, qué hay de verdadero socialismo, me pregunto a menudo, en un proyecto  ideológico-político como el de Zapatero & cía, que no ha impedido el enriquecimiento de todopoderosos y de la Banca -con uno de cuyos más conspicuos magnates, el señor Emilio Botín, ha salido fotografiado el señor Zapatero-; al tiempo que el Presidente de todos los españoles no ha dudado en decretar tijeretazos y recortes sobre los funcionarios, los pensionistas y resto de economías débiles de este país, a pesar de haberse pronunciado hace apenas algunos años como contrario a tener que aplicar tales impopulares medidas de recorte y ajuste, contrarias al llamado Estado del Bienestar.

 

     Hasta el extremo la cosa de que por ello mismo, esto es, porque es un secreto a voces que los políticos del Gobierno del señor Zapatero sí se han enriquecido por su condición de políticos (José Bono, José Blanco, Bibiana Aído, Leire Pajín, Teresa de  La Vega...), en tanto la mayoría de los españoles nos hemos empobrecido, me pregunto una y otra vez, hasta devanarme los mismísimos sesos, dónde está el socialismo en el proyecto de Zapatero y sus muchachos y muchachas -perdonen: la impotencia, el malestar y el dolor han estado a punto de jugarme una mala pasado: a punto he estado de escribir “y sus mariachis”-.

 

     ¿Dónde está?, que yo no lo encuentro por ningún lado, por más que busco y rebusco. Quizá haya que irlo a buscar al baúl de los recuerdos que cantara hace décadas Karina; o tal vez ese socialismo de verdad lo robaran, como el carro de Manolo Escobar, hace décadas los mismos dirigentes socialistas actuales que hacen como que lo añoran.

 

Gran Canaria, 9-4-2011.

Luis Alberto Henríquez Lorenzo.    

 

 

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