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  Yo no soy de facebook

   

YO NO SOY DE FACEBOOK

Por Maribel Romero

En cuestión de unos meses he recibido invitaciones de distintos amigos para registrarme en Facebook. Son amigos de mi confianza, a los que admiro y respeto, y con los que mantengo contacto a través de otros medios, sean virtuales o no, sin embargo no acepté la invitación, o dicho de modo más suave decidí no registrarme. ¿Por qué? Sencillamente porque creo que quiero negarme a más adicción al ordenador. Tengo cinco cuentas de correo electrónico que abro a diario, tengo un blog que trato de actualizar con frecuencia en cuanto a sus contenidos, y que reviso varias veces cada día para atender los posibles comentarios y mantenerlo vivo. Visito con mucho gusto a mis amigos blogueros, participo en sus entradas, las comento, y estoy siempre pendiente de sus contestaciones; soy miembro de varios foros y de un grupo literario con el que mayoritariamente me comunico a través de una cuenta de correo, y además de todo esto, escribo. Es decir, más ordenador. ¿Qué tiempo me queda para Facebook?

Alguien me dijo en una ocasión que “hay que tener presencia en Facebook”, me lo dijo como una sentencia, del mismo modo que se ha llegado a decir que una empresa que no tiene página web no existe. ¿Pero qué necesidad hay de exhibirse? ¿A quién nos mostramos?

Recientemente recibí un e-mail advirtiendo de los peligros de Facebook y de otras redes sociales y la verdad es que es como para ponerse en guardia. Sé que a este tipo de envíos no les solemos prestar demasiada atención y que, desde la buena fe, no creemos que nadie sea capaz de utilizar la información obtenida a través de nuestros perfiles, fotos o comentarios para hacernos daño, sin embargo, eso de que “todo el mundo es bueno” no deja de ser una entelequia. Se ha demostrado que algunos secuestradores utilizaron estos medios como fuentes de información para llevar a cabo sus actos delictivos. La fórmula es que entran en la red y ven los rostros, las casas, los coches, las fotos de los viajes... y se hacen una idea del nivel social y económico de los que ahí aparecen. Un verdadero peligro.

Pero vamos a centrarnos en problemas menos graves. Os copio parte del e-mail que recibí y que creo os interesará:

“Lo que muchos usuarios no saben es que de acuerdo a las condiciones del contrato que virtualmente asumen al hacer clic en el cuadro “acepto”, los usuarios le otorgan a Facebook la propiedad exclusiva y perpetua de toda la información e imágenes que publican”. “Automáticamente autorizan a Facebook el uso perpetuo y transferible, junto con los derechos de distribución o despliegue público de todo lo que cuelgan en su página web”.

Yo no puedo asegurar que esto sea cierto, pero sí estoy segura de que muchos de los usuarios que en cualquier tipo de servicio a través de la red acaban pinchando un recuadro donde pone “acepto”, no han leído las condiciones del servicio. A mí me ha ocurrido más de una vez. Para abrir una cuenta de correo, para registrarme en un foro, descargar un programa informático o incluso enviar un microrrelato a un concurso. Siempre hay unas condiciones generales que cuando las despliegas para leerlas resultan una verdadera pesadilla, farragosas, letra pequeña, demasiados artículos... Acabas pinchando en “acepto” porque sí, porque piensas que no será tan grave.

Creo que merece la pena reflexionar sobre esto, principalmente reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales que deseamos o que priman en nuestras vidas. En el mundo virtual ofrecemos la mejor cara, repartimos una cantidad de abrazos, besos y achuchones que nunca daríamos en persona a nuestros amigos de siempre. Nos pasamos media vida delante del ordenador (es lo primero que conectamos al llegar a casa), y creo de manera sincera que mayormente es bueno. Nos sirve para disfrutar, para conocer a gente maravillosa con la que nunca nos hubiésemos tropezado en una cafetería o en cualquier esquina, personas con nuestras mismas inquietudes, nuestros mismos gustos; hombros amigos donde apoyar la cabeza, experiencias en las que nos sentimos identificados, vivencias que bien podríamos haber narrado nosotros mismos. El grado de empatía es enorme, pero ¿qué estamos perdiendo?, ¿qué dejamos de lado? ¿Quizá más relación familiar?, ¿más encuentros con los amigos de carne y hueso a los que podemos tocar y oler?, ¿más tiempo para nosotros mismos?

Ahí lo dejo. Es un tema que me apetecía tratar. Por mi parte puedo deciros que me siento orgullosa de mis amigos virtuales, he tenido la suerte de conocer a gente magnífica que de otro modo nunca hubiera conocido, me aportan mucho y aprendo con ellos, disfruto y los necesito, pero también me va apeteciendo salir un rato en bicicleta, reunirme con mis compañeros del grupo literario, tomar un chocolate con churros con mi madre, disfrutar más de mi familia, escribir, leer. Y creo que tener tiempo para la vida real implica sacrificar algo de la vida virtual. ¿Para qué más adicción, más obligaciones, más ordenador, si tal y como están las cosas me siento satisfecha?


Lo dicho, yo no soy de Facebook. ¿Y tú?

 

Maribel Romero

   Blog de la autora

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